Yo, Martín

Dice la historia que, ante la caída de Calígula, la guardia pretoriana nombró César a quien aparentemente era una persona limitada física y mentalmente y por ende resultaría siendo un gobernante débil y manipulable. Sin embargo, Claudio, sucesor de Calígula, resultó ser uno de los gobernantes de mayor estabilidad durante el Imperio Romano. Guardando las siderales distancias entre el fujimorismo y la guardia pretoriana, me permito hacer este paralelo con quien la historia reciente de quien asumió la presidencia de la República del Perú tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski Godard (PPK): Martín Vizcarra Cornejo.

“¿Cómo se devora una ballena? Con un mordisco a la vez.” Así, el político de ficción Frank Underwood describía la estrategia para acabar con sus enemigos: destruyéndolos paso a paso. Pareciera que Keiko Fujimori entendió la lección con claridad, porque esa fue la estrategia que aplicó para desmantelar el gobierno de PPK. El primer golpe lo dio en diciembre de 2016, censurando al exitoso ministro de educación, Jaime Saavedra, y desde entonces, tal y como mencioné en esta columna, no se detuvo hasta forzar al presidente a renunciar.

El contexto de la renuncia fue accidentado. PPK, con gestos disforzados, decía por televisión, diarios y en apariciones públicas que no renunciaría ante un segundo pedido de vacancia. Este, al igual que el de diciembre, era alimentado por las irregularidades que el otrora presidente parecía haber cometido como ministro por un lado y asesor por el otro de operaciones financieras de la corrupta empresa de construcción Odebrecht.

Sin embargo, tras bambalinas se llevaba una guerra fraticida entre Keiko Fujimori y su hermano menor, Kenji, quien desde diciembre se declaró en rebeldía frente a las posiciones políticas y estratégicas dirigidas por su hermana debido al interés del menor de los hermanos en liberar a su padre, medida que estaba fuera del radar de la lideresa de Fuerza Popular. El punto de quiebre de este conflicto se dio cuando Kenji habría intentado, aliado con el gobierno, sobornar a congresistas de la bancada de su hermana. ¿El pedido? Votar en contra de la vacancia a cambio de licitaciones y proyectos de inversión pública.

¿Cómo se sabe esto? Pues porque uno de los congresistas citados, Moisés Mamani, grabó las conversaciones que tuvo con el benjamín de los Fujimori, el ex ministro de Transportes y Comunicaciones, Bruno Giuffra, e incluso con el abogado del ex presidente, Alberto Borea.

Como corolario, tuvimos a dos hermanos en guerra abierta, aplicando las estrategias de espionaje y extorsión que su “tío” Vladimiro Montesinos utilizó en los años 90 para comprar legisladores y medios de comunicación. Frente a esta evidencia, en cuyos videos quedó registrado que el presidente estaba al corriente de estas negociaciones, Kuczynski tuvo que cambiar de postura y finalmente renunciar.

El reemplazante no es nuevo en política. Fue gobernador de una región pequeña en el sur peruano, Moquegua, con resultados auspiciosos especialmente en el sector Educación, además de haber negociado con éxito la viabilidad de un gigantesco proyecto minero con la venia de las comunidades campesinas y rurales que viven en las zonas de influencia de este.

Su estilo calmado y hasta parco por momentos, llevaron a que la opinión pública lo perciba como un político por un lado sencillo pero por otro lado sin contundencia ni fuerza. Un termómetro particularmente eficaz para leer lo que piensa la opinión pública de sus políticos es la caricaturización que hacen de estos las comedias de televisión en el Perú.

Uno de los programas cómicos más sintonizados en el prime time sabatino peruano es “El Wasap de JB”. El show consiste en una secuencia de sketches que parodian la coyuntura política peruana con personajes que caricaturizan a los de la vida real. Entre ellos, destaca el comediante Enrique Espejo, quien ha trabajado por años en esta compañía de la comedia dirigida por Jorge Benavides, JB. Espejo, apodado “Cara de Yuca”, suele interpretar a personajes que la opinión pública identifica como tontos, inocentes o incapaces. En ese contexto, si “Cara de Yuca” te interpreta, es porque se te identifica como un idiota.

Curiosamente, fue “Yuca” quien interpretó a Vizcarra desde inicios del gobierno de PPK. En otras palabras, ante la opinión pública el hoy presidente siempre fue percibido como alguien tonto o incapaz, lectura que posiblemente coincida con la que Keiko Fujimori y sus correligionarios tengan de él. Entonces, la promoción de este como reemplazante de PPK podría haber sido vista como una oportunidad de poder manipular al Poder Ejecutivo desde el Congreso.

Vizcarra ha llegado a la presidencia con una maleta pesada. Él fue uno de los ministros que un año atrás fue presionado por el Congreso a renunciar a raíz de los escándalos vinculados a una concesión aeroportuaria en Cusco en la que el expresidente Kuczynski parecía tener intereses económicos. El fujimorismo de ese entonces le cortó la cabeza y en vísperas de la renuncia de PPK alabó sus dotes de estadista. Opiniones que divergen en el tiempo pero que pueden esconder el interés de dejarlo gobernar a expensas de ser manipulado por ellos.

Desde entonces, ha tratado de mostrarse como un presidente cercano a la gente, visitando hospitales y colegios por sorpresa. Ha prometido nombrar al gabinete de ministros tras Pascua de Resurrección, producto de la reflexión propia de los días libres que propina esta fiesta de guardar en el Perú. Se espera que este gabinete sea de consenso, y con figuras de distintas tiendas políticas, para ayudarlo a gobernar en un contexto de partidos débiles y sin parlamentarios que le guarden esa lealtad propia de la camaradería partidaria.

Solo de Vizcarra depende sorprender a todos como lo hiciera Claudio Tiberio tras la caída de Calígula. No obstante, pareciera que su supervivencia está atada a su sujeción al fujimorismo, que pareciera empezar a hacerse evidente con una reciente norma publicada esta semana, que excluye al Congreso –de mayoría fujimorista— de la fiscalización que ejerce la Contraloría General de la República.

Solo de Vizcarra depende gobernar como requiere el Perú, o de lo contrario habrá empezado la presidencia con fecha de vencimiento, y lamentablemente aquello es altamente probable.

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

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