“Parimos derechos, parimos historia”

Camino por Avenida de Mayo. No siento el frío polar, ni mis pisadas. Las lágrimas no son suficientes para descomprimir la tensión en mi pecho. Se deslizan por la comisura de mi boca fijada en una sonrisa eterna. Sólo quiero cantar, gritar, “aborto legal, en el hospital”.

Me funjo  en mujeres acompañadas y acompañando a sus hijas e hijos, en jóvenes muy jóvenes y ya no tan jóvenes, en mujeres mayores que finalmente pudieron ver realizados sus sueños feministas. Nunca antes vi tanta presencia intergeneracional. Nunca antes la sanción de una ley le importaba por igual a generaciones tan diversas.

Ayer me encontré en la plaza verde con amigxs a vibrar la previa a la votación que iba a tener todo de histórica. Una compañía necesaria para atenuar la ansiedad por el conteo minuto a minutos de los diputados a favor y en contra. Twitter, whatsApp, facebook, todo servía para convencer a indecisos.

Una valla alta dividía la plaza de los Dos Congresos. Este nombre es en honor a la Asamblea del año XIII y al Congreso de Tucumán. Pero ayer su nombre se volvió una literalidad angustiante. De un lado de la plaza, poca gente, de celeste y rosa, en su mayoría varones blancos que quieren seguir siendo dueños de nuestros cuerpos. Del otro lado de la plaza, mucha gente, jóvenes en su gran mayoría, mujeres y varones clamando por aborto legal, en el hospital, no en clínicas clandestinas. Y un Congreso también dividido en dos con una precisión desgarradora.

Fue difícil irse a dormir sin saber si a la mañana siguiente iba a seguir habitando un país donde la muerte de mujeres por embarazos no deseados no conmueve a mis conciudadanos.

6:30 am, mensaje en whatsapp: “todos los medios dan en contra. Twiter también”. El peor despertar. Me apuro para ir a la plaza. Tengo que estar ahí.

7:20 am, “ché, parece que no sale”. Termino de bañarme. Llevo a mi hija a la escuela, más temprano que de costumbre. Su maestro no se adhiere al paro.

7:42 am, un periodista de TN dice “dos votos abajo”. Me meto en el subte hacia estación Callao. Necesito ver en directo la derrota, sino no la creo.

8:10 am, la cuenta feminista dice que se gana por 3 votos. Salgo del subte, corro por Callao cortada. No soy la única. Muchas corremos hacia la que parece será la mejor noticia. Igual todavía no termino de creer que sea posible torcer la historia, hacer historia.

8:30 am, me encuentro con amigxs en el bar Nápoles. Me pido un jugo que ni toco. No podemos sacar la mirada de la pantalla de TV.

9:05 am, TN dice, “Giros sorpresivos quiebran la paridad a favor del aborto legal y la lupa se pone en los ausentes”. Tres diputados de La Pampa cambiaron su posición. Todavía no quiero creer que está por suceder. Pero empiezo a planear mis vacaciones de invierno en la provincia pampeana.

9:55 am, Diputados aprueba el proyecto de ley de legalización del aborto. Estalla la plaza, una única plaza verde.  Nos abrazamos, lloramos, gritamos, cantamos. Pienso en mi hija.

 

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