Llegando al Global Teacher’s Prize 2018: Un camino de educación y colaboración global

Se cierra un año más de trabajo en las escuelas, un año que llega al final con un gesto que me marca estar en el camino correcto. El mes de diciembre me encontró recibiendo una gran noticia, estaba nominada entre 40.000 docentes de 173 países como una de las 50 finalistas al Global Teacher’s Prize que será entregado en Dubai en marzo de 2018, luego de que en febrero se conozcan los diez finalistas.

¿Qué significa este premio y por qué el orgullo de estar nominada?

El Global Teacher’s Prize es un premio que da la Fundación Varkey destacando a un docente cuyas prácticas puedan afectar positivamente la vida de las escuelas y principalmente la de sus alumnos, que son el motor de toda institución educativa. Esta fundación considera que todo niño debe tener un buen docente y por eso busca premiar y difundir buenas prácticas de enseñanza para que otros docentes se contagien y cada vez sean más los estudiantes que puedan estar en manos de un buen docente.

Hace 20 años empezaba a escribir una historia

En el año 1998 comenzó mi vida como docente en la Escuela Madre de Misericordia de Avellaneda, luego en el Instituto Polimodal Arzobispo J. Matulaitis, pasando por otras instituciones educativas, hasta llegar hoy a la Escuela Técnica N° 33 de CABA  y al Instituto de Inglés New Stratford School of English. Hoy sigo mi norte entendiendo que mi objetivo además de enseñar inglés es enseñarle a mis alumnos habilidades que les permitan desenvolverse cuando ya no estén en la escuela y sean parte de un mundo cada vez más globalizado, un mundo que requiere de una ciudadanía responsable bajo la premisa de que conocer al otro es el primer paso para respetarlo. Ello, junto con mi deseo de que mis alumnos utilicen el inglés para comunicarse genuinamente ya desde el momento en que están en la escuela y no como solemos decir los docentes de inglés, “vas a usar el inglés cuando trabajes” o “vas a usar el inglés cuando viajes”, hizo comenzar mi historia en el camino de la telecolaboración, que hoy me pone en este lugar.

Cruzando las paredes de las aulas con proyectos telecolaborativos

Imágenes de la colaboración con Serbia vía Skype

Considero que mi nominación no se la debo a un proyecto en particular sino a una metodología que me permitió posicionarme en mis aulas de una manera distinta. No como el docente que transmite conocimiento a los alumnos solamente, sino como el docente que además de transmitir conocimiento, habilita a los alumnos a construirlo por sí solos y a construirlo con otros, desde un rol de facilitador del aprendizaje.

Esos otros con los que el alumno construye conocimiento pueden ser compañeros de aula, pero también son aquéllos que están en el otro extremo del mundo y que hoy gracias a las nuevas tecnologías pueden entrar a nuestra aula con su voz, compartiendo su realidad para que la conozcamos, reforzando también nuestra propia identidad al compartirla con ellos. En estos proyectos los alumnos vuelven a mirarse para poder contarle a sus pares globales su realidad y en ese intercambio reconocen problemáticas que nos afectan a todos, a nivel global. Esa identificación de problemáticas comunes fomenta la búsqueda de soluciones conjuntas permitiendo que los alumnos desarrollen habilidades tan importantes para el siglo XXI como el trabajo colaborativo, la auto regulación y la resolución de problemas.

Imágenes de la colaboración con Serbia vía Skype

Otra de las habilidades que este tipo de proyectos fomenta es la creatividad, ya que luego de realizar investigaciones sobre la temática de los proyectos, los alumnos trabajan colaborativamente para crear narrativas digitales que den cuenta de las soluciones encontradas a las temáticas estudiadas. Ese producto final es inclusivo, ya que todos los alumnos participan independientemente de sus habilidades idiomáticas. Algunos colaboran con el contenido, algunos con el diseño multimedial, otros con las ilustraciones, otros con la actuación o la gamificación, nueva tendencia en las escuelas que vale la pena ser desarrollada.  El producto final de estos proyectos siempre tiene lugar para todos y esto es un punto importante, ya que no en todas las actividades que pasan en las aulas siguiendo la enseñanza tradicional los alumnos sienten que tienen un lugar.

La telecolaboración y sus opciones

A la hora de pensar en colaborar con distintas partes del mundo, las diferencias horarias deben ser consideradas principalmente para pensar cómo nos conectamos. Los foros y Skype se presentan como herramientas fundamentales. Los foros permiten conectarnos de manera no simultánea (asincrónicamente) y Skype permite el contacto simultáneo. La emoción que sienten los alumnos al encenderse la cámara es muy grande y reconforta el trabajo de organización que como docente uno hace para que el proyecto elegido se desarrolle favorablemente. Ver a tus alumnos cantando el himno nacional en el aula a pedido de alumnos de República Checa no tiene precio, o que tus alumnos hablando sobre qué música escuchan le contesten a una profesora de Serbia “ah, parece que estamos en el otro lado del mundo, pero nos gustan las mismas cosas”, es conmovedor. En ese momento sentís que tomaron realmente conciencia de la experiencia global que están viviendo.

¿Qué temáticas  dan origen a los proyectos telecolaborativos?

A partir del año 2002 empecé a trabajar con esta metodología en las aulas. En ese momento la tecnología no tenía tanto para ofrecernos, pero es importante entender que tanto las habilidades que uno busca desarrollar en los alumnos como los contenidos están por sobre la tecnología que usamos. La tecnología que incluye un proyecto no debe ser un fin en sí mismo.

En el año 2015, la UNESCO estableció los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la mayoría de los proyectos telecolaborativos se focalizan en ellos. Consecuentemente, desde que trabajo con esta metodología temáticas como la pobreza, el medio ambiente, las adicciones, la sexualidad responsable, los derechos de los animales, los desastres naturales, han sido abordadas en mis clases, y me llena de alegría saber que mis alumnos después de muchos años aún recuerdan esas experiencias: el contacto con chicos de otras partes del mundo, el trabajo en los blogs y hasta en algunos casos el haber podido disfrutar de encuentros presenciales con sus pares globales en cumbres de la juventud organizadas por los facilitadores de los proyectos. Allí, esas experiencias telecolaborativas cobran aún más vida. El video “Siete personas, tres países, una voz” -en inglés Seven People, Three Coutries, One Voice-, es una clara muestra de ello.

Los proyectos del 2017 y mi nominación

Imágenes de la colaboración con Serbia vía Skype

Si bien toda mi historia de trabajo en telecolaboración me habilita hoy a estar entre los cincuenta  docentes nominados al Global Teacher’s Prize, quiero compartir los dos proyectos de este año que son un ejemplo claro de mi trabajo diario. Dos contextos escolares distintos, dos temáticas distintas, el mismo interés por compartir y crear globalmente. En la escuela parroquial Madre de la Misericordia de la localidad de Avellaneda participamos con mis alumnos en un proyecto sobre cambio climático en el que participaban 69 países y más de 250 escuelas de alrededor del mundo. Los alumnos estudiaron las causas y consecuencias del cambio climático e investigaron los desastres naturales más típicos de sus países generados por el mismo. Toda esa información recolectada era compartida en la página del proyecto generando así una base de datos global a través de narrativas digitales. No sólo mis alumnos aprendieron sobre otros países, sino que relevaron la situación en nuestro país y compartieron los resultados. Gran parte de su trabajo puede verse en el blog áulico que creamos para el proyecto y al trabajo global puede accederse en la página oficial del proyecto, viendo el trabajo de cada semana.

En la Escuela Técnica 33 de CABA, el proyecto telecolaborativo del año se llama “Mi Héroe”, en el cual los alumnos investigaron globalmente la vida de personalidades consideradas íconos de la humanidad como Martin Luther King, Gandhi o Malala, para luego pensar globalmente cuáles son sus héroes o las personas que ellos admiran. El entender qué personas los inspiran y compartirlo con pares de otros países pone en evidencia similitudes y diferencias culturales, enriqueciendo la experiencia.

Esta metodología me ha permitido unir los contenidos de mi materia, inglés, con contenidos globalmente significativos. Es mi deseo que cada vez más docentes se sumen a llevar este tipo de propuestas a las aulas fomentando la empatía entre culturas y el aprendizaje significativo a la vida de los alumnos que transitan nuestras aulas.

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

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