Las tres lecciones de las elecciones

Los resultados de las elecciones de medio término de ayer muestran que la alianza Cambiemos obtuvo el 40,59% de los votos a nivel nacional, mientras que el kirchnerismo alcanzó alrededor del 21%, el PJ tradicional el 13,77% y la Izquierda un 6.70%. ¿Cómo interpretar estos resultados? Al menos tres conclusiones pueden extraerse a menos de veinticuatro horas de la elección, las cuales hacen referencia a la persistente ventaja de los oficialismos, la potencial alineación del sistema de partidos y las probables consecuencias en términos de políticas públicas.

La ventaja oficialista

En 2015, la elección de María Eugenia Vidal como gobernadora de la provincia de Buenos Aires fue una gran sorpresa. La idea de que un partido diferente al Justicialista pudiera acceder al gobierno en la provincia más poblada del país parecía una quimera. Sin embargo, pocos se sorprendieron ayer cuando Esteban Bullrich resultó el candidato más votado en el mismo distrito. ¿A qué se debe esta diferencia? En gran medida, a lo que la ciencia política denomina “ventaja de los oficialismos”.

El concepto de “ventaja oficialista” suele empelarse en referencia a la ventaja sistemática de los partidos que gobiernan el Poder Ejecutivo para ganar elecciones. En este caso, podemos también usar el concepto para analizar las elecciones legislativas, es decir, para indagar si los partidos que se presentan como aliados del gobierno a cargo del Poder Ejecutivo –ya sea nacional o provincial- tienen o no una ventaja sistemática a la hora de acceder a los escaños en el Congreso nacional.

Si analizamos los datos de la elección de ayer, podemos ver que en el 70% de las provincias, los partidos que obtuvieron más votos son los mismos que gobiernan el Ejecutivo provincial. En otras palabras, los partidos apoyados por los gobernadores fueron los que abrumadoramente resultaron ganadores, incluso cuando se trata de una elección de medio término, en la cual no necesariamente el votante decide en base al desempeño del gobernador. Este dato no sorprende si tenemos en consideración que las provincias son la unidad política por excelencia en nuestro país. De hecho, una considerable porción de la literatura de la ciencia política sobre el funcionamiento del Congreso nacional en nuestro país, muestra como los legisladores responden políticamente a sus “jefes” provinciales, como puede consultarse aquí.

Como bien señalan Schiumerini y Page en este informe, una característica esencial de la ventaja del oficialismo es que funciona independientemente de las virtudes de sus candidatos. En ese sentido, la elección de ayer también parece ser ilustrativa: un tópico recurrente durante la campaña fueron las escasas habilidades electorales del candidato del oficialismo en la provincia de Buenos Aires, quien sin embargo le ganó una elección a una ex-presidenta.

Pero si bien las provincias son importantes, la elección de ayer fue una elección para cargos nacionales y, probablemente más importante, la campaña estuvo fuertemente nacionalizada. En ese marco, es interesante destacar otro dato: de las siete provincias en las que el oficialismo provincial no obtuvo la victoria, en absolutamente todas el oficialismo nacional fue el ganador.

La ventaja de los oficialismos es un concepto probabilístico, implica que la probabilidad de ganar es más alta para el partido de gobierno, pero no implica que la victoria opositora es imposible, porque sin posibilidad de alternancia sería difícil hablar de democracia. Sin embargo, las elecciones de ayer parecen dejarnos una lección importante: ganar elecciones legislativas en Argentina sin estar alineado con el oficialismo provincial o el nacional parece realmente muy difícil. El manejo del aparato estatal se torna fundamental para el éxito electoral.

¿Hacia un nuevo sistema de partidos?

Luego de las elecciones de ayer, uno de los comentarios más repetidos en algunos medios fue el siguiente: Cambiemos obtuvo más de diez millones de votos a nivel nacional, el kirchnerismo 5,2 millones y el PJ 3,4, por lo tanto, si se genera una alianza entre el kirchenrismo y el PJ, nos encaminamos hacia un bipartidismo. Esa conclusión, me parece por demás apresurada.

En primer lugar, el peronismo suele encolumnarse detrás de aquellos candidatos que ganan elecciones para acceder al poder, pero todos los potenciales líderes de ese proceso han perdido en esta ocasión. Cristina Kirchner fue derrotada en la provincia de Buenos Aires, Sergio Massa apenas alcanzó el 11% de los votos y ni siquiera ganó en Tigre, y el candidato a diputado de Juan Manuel Urtubey fue derrotado en Salta. Al menos en el corto plazo, parece difícil vislumbrar quién puede conducir al peronismo a la unidad.

Quizá más importante, el sistema de partidos argentino se encuentra altamente fragmentado y posee un amplio grado de dinamismo, hasta tal punto que el PRO pasó de conducir casi exclusivamente el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires al nacional en un muy breve período de tiempo. En ese contexto, asumir una pronta estabilidad bipartidista parece poco prudente.

Pero asumamos por un momento que ese será el caso, y que pronto el peronismo unido disputará el poder con la alianza Cambiemos, dejando a terceros partidos en un lugar marginal. Partiendo desde allí, varios comentaristas anunciaban ayer que el sistema de partidos no solo se encamina al bipartidismo, sino también a un bipartidismo con un partido de centro-derecha y otro de centro-izquierda. Entonces, cabe preguntarse, ¿cuál sería el partido ubicado a cada lado del espectro ideológico? La premisa de que el Justicialismo se ubicaría en la centro-izquierda parece no comprender la compleja red de coaliciones que hoy componen el peronismo, en donde las elites tradicionales del interior del país no están excluidas.

En cualquier caso, incluso la idea de un sistema de partidos con un clivaje ideológico parece no corresponderse con la realidad argentina. De hecho, un reciente artículo escrito por Eduardo Levy Yeyati, Lorena Moscovich y Constanza Abuin muestra como al menos en el gran Buenos Aires, los clivajes se generan sobre líderes políticos y partidos, independientemente de la distribución de preferencias ideológicas.

Desde mi perspectiva, un potencial bipartidismo en Argentina sería posiblemente más fácil de entender con las lentes provistas por el politólogo Pierre Ostiguy, quien sostiene que en nuestro país la división en un eje “alto-bajo” es mucho más relevante que la del típico eje “izquierda-derecha”.  El nuevo espectro es explicado a través de dos dimensiones: la socio-cultural y la político-cultural, que implican disímiles modos de ser y de actuar en política. Según la primera, aquellos que se ubican en el extremo alto se comportan en público con una actitud más bien rígida y pulida, mientras que los que se hallan en el extremo bajo adoptan una actitud más desinhibida y asociada a la cultura popular. De acuerdo a la segunda, quienes se encuentran en lo alto se expresan a favor de la toma de decisiones mediada a través de instituciones, con una visión impersonal de la autoridad, legalista y procedimentalista. En cambio, quienes se ubican en el extremo bajo, defienden la autoridad personal y los fuertes liderazgos. En mi perspectiva, en el contexto argentino de debilidad institucional, la primera dimensión tiene un poder explicativo mucho más alto que la segunda.

Así, decir que la elección de ayer configura un nuevo bipartidismo suena extraño, pero más extraño aún es inferir un bipartidismo ideológico del tipo europeo. No está mal como expresión de deseo, sin embargo.

Política y políticas públicas

En un artículo previo, argumenté que las elecciones de 2017, especialmente en la provincia de Buenos Aires, eran mucho más importantes por la distribución de poder informal que establecerían, que por la distribución de poder formal. En términos formales, la victoria de Cambiemos en las elecciones de Senadores bonaerenses de ayer, implica que el oficialismo ganó dos bancas en lugar de una, mientras que Unidad Ciudadana, la agrupación creada por Cristina Kirchner, ganó solamente una en lugar de dos. Ese escaño adicional para Cambiemos no impacta significativamente en la posibilidad del oficialismo de lograr una mayoría en la Cámara Alta, puesto que solo tendrá veinticuatro de un total de setenta y dos escaños. Sin embargo, la elección de ayer fue de radical importancia en términos de poder informal.

Así, en el artículo mencionado, argumentaba que la victoria de Bullrich en la provincia de Buenos Aires sería la pieza fundamental sobre la que el gobierno construirá el andamiaje de su legitimidad para impulsar las reformas políticas y económicas de su preferencia. De hecho, los anuncios de reformas profundas no se hicieron esperar de la boca del propio presidente, sino que se hicieron públicos en el medio de los festejos, mientras que seguramente una eventual derrota hubiese generado una cautela mucho más grande.

En suma, los resultados electorales de ayer nos dejan varias lecciones sobre la política argentina, incluyendo los puntos desarrollados sobre la ventaja oficialista, el sistema de partidos y la interrelación entre la política y las políticas públicas. Lo que pase en estos próximos dos años sin duda será determinante para el desarrollo del país y para el futuro de Cambiemos, pero nadie puede negar que los potenciales escenarios son muy distintos a los que existían hace tan solo dos días.

 

 

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Foto: http://www.lanacion.com.ar/2075431-fuerte-reaccion-positiva-en-los-mercados-tras-las-elecciones-de-ayer-baja-el-dolar-y-suben-acciones-y-bonos

 

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