La inserción internacional de Argentina

En el mundo contemporáneo existen dos certezas sobre las relaciones internacionales: primero, se está produciendo un enorme cambio en el sistema internacional a partir del traspaso del centro político y económico desde Occidente hacia Oriente, en especial, Asia. La segunda certeza es la incertidumbre acerca de qué implicancias tendrá para los principales actores del sistema internacional (Estados Unidos, Europa, China e India) y los actores periféricos entre los que se encuentra Argentina. Frente a esta situación vale la pena preguntarse cuál debería ser el rol de la política exterior argentina en un mundo en cambio y futuro incierto.

Argentina ha tenido constantes en su política exterior a lo largo de su historia. Esto podría sonar contra-intuitivo, pero las distintas administraciones argentinas desde su independencia han utilizado su inserción internacional como un medio para expandir mercados a los productos argentinos y, de esta forma, promover el desarrollo económico interno. Esta inserción comercial es la conocida como la política exterior alberdiana: Juan Bautista Alberdi consideraba a la política exterior como “la llave de la riqueza y prosperidad”. A esto se ha sumado un tradicional apego argentino al derecho internacional y el rechazo a la conformación de alianzas políticas en la arena internacional. Esta fórmula data del siglo XIX, se vio representada en la posición argentina durante las dos guerras mundiales (no comprometerse con ningún bando e intentar introducir productos nacionales en los países involucrados en las guerras).

Otra constante en la política exterior argentina ha sido la búsqueda por parte de cada nuevo gobierno de refundar su inserción internacional. Sin embargo, salvo algunas excepciones como el gobierno militar posterior a la guerra de Malvinas y el gobierno kirchnerista, la Argentina siempre se ha considerado parte de Occidente y esto no se ha discutido en ninguna “nueva” inserción internacional.

En la actualidad, tanto dentro del gobierno como en la oposición existen diferentes lecturas sobre la realidad internacional y cuál es la estrategia que llevaría a que la Argentina saque el mayor provecho del exterior. Por un lado, los globalistas creen en una profundización del proceso de globalización y la interacción entre estados e individuos. Bajo este esquema, la Argentina debería insertarse en las cadenas globales de valor y participar activamente en el multilateralismo del orden liberal internacional. Por otro lado, se encuentran los nacionalistas. Estos no se caracterizan por realzar la identidad nacional en detrimento de otras nacionalidades, sino en la creencia de que el mundo externo presenta más amenazas que oportunidades para el país. En este sentido, el interés primordial del país en su inserción internacional es proteger el nivel de desarrollado alcanzado y buscar nichos específicos de inserción internacional en donde el país tenga algún tipo de ventaja. Así, se prioriza la integración regional, en especial con Brasil, esquema en la cual sectores poco competitivos a nivel internacional pueden sobrevivir. A su vez, consideran que el mundo está en un proceso de cambio con incierto final. Esto implica un posible fin del orden liberal internacional y, si el país se inserta profundamente en este orden, corre el riesgo de quedar entre los perdedores de un nuevo orden internacional que se estaría gestando.

Tanto globalistas como nacionalistas continúan la tradición alberdiana de ver la inserción internacional como una manera de promover y/o proteger el desarrollo económico nacional vía las relaciones comerciales. Esta discusión sobre la inserción internacional del país y la política exterior no está presente en las discusiones domésticas. Esto, sin embargo, puede ser una ventaja para desarrollar políticas a largo plazo sin los condicionamientos electorales y ha permitido, hasta el momento, la elaboración de discusiones sofisticadas en el ámbito académico y diplomático. A pesar de esto, algunas excepciones deben señalarse. Se sabe que la opinión pública puede llegar a condicionar las opciones de política exterior cuando un tema se incorpora a la agenda (en especial vía los medios de comunicación). Algunos de estos temas han sido la deuda externa y la soberanía de las islas Malvinas. Estos dos asuntos han sido muy discutidos por fuera de los ámbitos especializados y condicionado fuertemente las decisiones de política exterior de distintos gobiernos.

Dejando de lado las dos cuestiones más salientes en la agenda pública, la política exterior argentina tiene la oportunidad de desarrollar una inserción internacional sustentable a largo plazo, incluso teniendo en cuenta la incertidumbre que plantea el presente y la discusión existente entre globalistas y nacionalistas. Para ello son necesarias tres definiciones. En primer lugar, es necesario que los involucrados en el diseño y ejecución de la política exterior (funcionarios, diplomáticos y académicos) entiendan las fortalezas y debilidades del país en la arena internacional. Esto es, qué se tiene y qué no se tiene. En este punto, se suele hacer referencia a la grandeza nacional y a que en algún momento Argentina fue la sexta economía del mundo. Pero eso no es lo que es ahora. Ahora es el octavo país más grande del mundo, la 21° economía, uno de los principales exportadores de alimentos, un líder internacional en derechos humanos y un jugador global en materia de energía nuclear. Esto posiciona al país como un actor relevante, peor no decisivo, tanto en términos de la escuela realista o la escuela liberal de relaciones internacionales. Ser relevante pero no decisivo significa que contribuir significativamente a nivel mundial (en algunas áreas) a través del multilateralismo, pero no de forma unilateral ni competir con grandes poderes.

En segundo lugar, se debe pensar qué se quiere con la inserción internacional. En este punto, la tradición alberdiana de política exterior probablemente ayude a develar una respuesta: desarrollo económico y bienestar para la sociedad argentina. Estos objetivos no son discutidos y están ampliamente aceptados tanto por la elite como por la sociedad en general. Esta definición lleva a una tercera: la pregunta del cómo. En este punto entra la discusión entre globalistas y nacionalistas. Pero existen herramientas que ambas líneas de pensamiento consideran necesarias y que, a su vez, condicen con la condición de la Argentina como país medio. Esto es, el multilateralismo, América Latina como región natural desde donde proyectar la inserción internacional del país, y la integración regional como elemento que refuerza el peso natural del país. A esto debe sumarse la capacidad del país para intervenir en discusiones globales que no necesariamente incrementar el bienestar nacional, pero que permiten dialogar en una agenda global de interés de los grandes poderes. Estos temas son la promoción de los derechos humanos y las políticas de energía nuclear para el uso civil.

En conclusión, frente a los cambios en el sistema internacional que se observan de forma lenta y que tornan difícil adelantarse al contexto internacional del futuro, Argentina cuenta con condiciones objetivas que permiten transitar esta incertidumbre global y proyectar una inserción sustentable en el mediano plazo.

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