La colonización del ciberespacio

Internet se está pauperizando. En 2013 realicé mi tesis de grado sobre Neutralidad de Red, un fundamento arquitectónico con que fue diseñada Internet allá hacia finales de 1960 y que es el que permite que en esta red toda la información que por ella circula sea tratada indiscriminadamente por parte de los proveedores del servicio. Por entonces entrevisté a funcionarios y activistas de distintos países que peleaban por la sanción de leyes en defensa de este principio, y entendí el conflicto de intereses entre las compañías de telecomunicaciones, el gran capital y el interés común. De aquellos días a hoy muchas cosas han cambiado y en estos momentos la neutralidad de red se está yendo a la alcantarilla en un país pionero como Estados Unidos con el plan de la Federal Communications Comission (FCC) para imponer restricciones a los contenidos

En el paradigma de la Internet Neutral todos los usuarios acceden a una red que asigna la misma velocidad de transferencia para todos los datos, sin privilegios (ejemplo: todas las páginas web deberían cargar igual de rápido), y la tarifa de conexión a la red no restringe contenidos, es decir que funciona como una “canilla libre” para consumir cualquier información que se desee. Esto puede cambiar si la Neutralidad de Red se vulnera. Existe un interés de negocio por parte de las empresas proveedoras del servicio de pasar a ofrecer paquetes de acceso a ciertos contenidos exigiendo un pago adicional para acceder a los contenidos que quedan por fuera del plan, como lo hace hoy en día la televisión por cable con los paquetes premium de películas o deportes. Un ejemplo de esto sería un plan de datos de bajo costo que sirva solamente para acceder “a una parte predeterminada de Internet” (por ejemplo, los sitios de Google y Facebook) y que ralentice la velocidad de carga de los demás sitios, o bien, que directamente los excluya.

Esta política de telecomunicaciones no neutral tiene consecuencias perniciosas graves:   

  • Afecta a la competencia, dado que las empresas de Internet que integran ese plan de datos (por ejemplo, un e-commerce ya asentado en el mercado) tienen privilegios por sobre las que quedan fuera (por ejemplo, un nuevo servicio de e-commerce que necesita ganar mercado). Quien desee aparecer en el “pack barato de datos que todos consumen” deberá supeditarse a las condiciones que imponga la empresa proveedora del servicio de Internet (de siglas ISP en Inglés).
  • Aplaca la pluralidad de voces. Al ofrecer planes de rebajas en el costo o velocidad de acceso, ciertos contenidos se enaltecen sobre otros, lo que repercute en que ciertas voces, opiniones, informaciones, noticias (las que puedan y quieran pactar con las ISP) tendrán más llegada a las audiencias.
  • Otorga a las empresas el poder de aplicar censura. La posibilidad de vulnerar la Neutralidad de la Red les permite restringir contenidos a los cuales no quieran que la gente acceda con la excusa de que no está dentro del paquete. O sin ninguna excusa, al modo de “filtro” de ciertos portales para redes sociales que se efectúa en gobiernos no democráticos.

La noticia del avance en contra de la Neutralidad de Red promovido por  Estados Unidos a través de la FCC  representa un claro límite traspasado en este tiempo que vivimos. Ha comenzado una guerra que no es la suplantación de otra física sino la extensión desde lo físico hacia lo virtual, abarcando ambos territorios. La colonización convencional ahora incluye al ciberespacio.

Otro hecho también revelador sobre el nuevo orden mundial en esta materia fue conocido a través de la noticia de la eliminación de cuentas de activistas palestinos de la plataforma Facebook, medida que forma parte de la agenda de censura pactada entre la corporación estadounidense y el gobierno israelí en los encuentros de público conocimiento que han mantenido durante los últimos años.

El silenciamiento de las voces palestinas en Internet es una práctica que podría recaer mañana sobre disidentes de otros sitios entre ellos ciudadanos argentinos.

Nuestro país no está exento de padecer el derrotero de la colonización del mundo virtual. La política argentina de telecomunicaciones ha sido desarticulada en los últimos años por el Plan de Gobierno macrista y hoy no contamos con un proyecto de renovación tecnológica nacional llevado adelante por un equipo de gente idónea. La fusión Telecom-Cablevisión aprobada en junio de 2017 con el aval del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACom) significa un ataque a la soberanía cultural de nuestra comunidad porque sólo pone el eje en infraestructura y además lo hace desde una visión exclusivamente de empresa (ni siquiera de mercado, con las consecuencias positivas que tiene una política pro mercado como son la competitividad y la inversión). El gobierno argentino desatiende así aspectos fundamentales que tienen que ver con el incentivo de la producción y distribución de contenidos digitales autóctonos o minoritarios.

Esto último es muy grave, dado que una política de esta naturaleza pone en peligro la cohesión cultural de los pueblos del mundo. Si tu política doméstica de comunicaciones perjudica, en vez de dar una mayor prosperidad, a la industria local que produce contenidos culturales e información, entonces esa política está ignorando la singularidad de cada comunidad dentro del contexto global, y está colocando a todo un colectivo de personas en una situación en la cual su única alternativa es la subordinación a la cultura homogeneizante.

Por dar un ejemplo: que tengamos Netflix es bueno, pero la producción local todavía no puede competir con Netflix y esto es un problema a atender porque no podemos escapar a sus consecuencias. El acceso a cultura e información no debería basarse mayoritariamente en contenidos provenientes del exterior o de grupos dominantes locales porque el imaginario de un país, para que este exista, necesita ser construído por las propias personas que integramos a dicho país, entre todos.

Para poder construirnos necesitamos de los otros. Pero necesitamos de los otros no para uniformarnos, sino para relacionarnos desde la singularidad. Si la política vigente en esta materia aplaca la singularidad, la acalla, y la trata de eliminar borrando las diferencias entonces el resultado será profundizar el rechazo de lo distinto, incentivando la atomización de las distintas comunidades y el consecuente fomento de conflictos. Este es el costo de no comprender la globalización, que en la historia reciente no ha logrado resolver conflictos que devinieron en guerrillas, separatismos e independentismos. No podemos interrelacionarnos sanamente ignorando la diversidad. Podemos hacerlo solamente cuando cada quien cuenta con la libertad de expresarse -individual o colectivamente- desde lo que es, con el otro: sin ningún tipo de avasallamiento, ni físico, ni simbólico.

¿Por qué está sucediendo que Internet, un instrumento de comunicación e información tan poderoso y con tanto potencial para nuestra especie, del que nos hemos venido sirviendo millones de seres humanos en las últimas décadas, se perfila inexorablemente a la degradación en vez de tender a un enriquecimiento de su calidad?

La explicación que daré convierte a esta narración en un relato de tintes épicos, pero no por eso menos real: Internet ha brindado a la gente una renovada libertad y por esa razón hoy, desde múltiples ámbitos, el mal, anidando en las mentes de personas que no reparan en las consecuencias colectivas de sus actos sino sólo en su propia codicia y ambición, trabaja todos los días para que la mayoría dispongamos de peores herramientas para comunicarnos, informarnos y expresarnos.

Esto constituye un verdadero boicot al desarrollo de la humanidad porque debilita la posibilidad misma de construir puentes interculturales que integren a los pueblos del mundo y no es otra cosa que una serie de acciones concretas perpetradas por individuos que engordan las filas de corporaciones y gobiernos; grupos reducidos de personas muy poderosas que prefieren no soltar las posibilidades que ofrece una tecnología altamente empoderante al resto de la humanidad (“el rebaño ingenuo y desinformado”) con el objetivo de sacar provecho de su debilidad, fruto de la ignorancia y el aislamiento. Esta es la batalla que se está librando hoy frente a los ojos de todos.

Estos embates a la libertad del ciberespacio que venimos sufriendo resultan equivalentes a lo que en otro tiempo significó la quema de libros o la reedición de ciertas obras intervenidas por autoridades censoras: implican un paso más en la dirección de la supresión de cualquier posibilidad expresiva considerada disidente, entre ellas, la de denunciar injusticias de las que cualquiera de nosotros podamos resultar víctimas directas o indirectas. La negación y eliminación de voces consideradas subversivas, entendiendo subversión como una versión subyacente o versión alternativa de hechos y realidades, y la consecuente imposición de un pensamiento único, son el fin último de las dinámicas que hoy están transformando a Internet en una herramienta viciada.

¿Por qué es importante y urgente combatir esto? La restricción de la palabra es un acto de violencia perverso, repulsivo, que contribuye a la erosión y degradación de los individuos y del tejido social. Necesitamos entender que la acción de utilizar la imposibilidad de expresión de los otros como instrumento para someterlos constituye una perversión, y que las mentes que llevan a cabo ese acto sufren de una patología.

Avalar y propiciar, por acción u omisión, el empobrecimiento del ciberespacio es equivalente a suprimir lentamente las palabras del diccionario al punto en que aquellos que, en el marco de nuestra sociedad global, resultan víctimas de abusos, ya no pueden más salir de su condición porque no disponen de los recursos expresivos necesarios para poner de manifiesto ese abuso. Esto no es justo, ni ético, y simplemente no lo podemos permitir.

El avance de la censura ya se materializó. Son tiempos de guerra. Y por ello tal vez haya una sola cosa que valga la pena decir luego de realizada esta lectura: ese no es el camino. Fracasarán. Serán vencidos por algo mejor. Queda en nuestra capacidad de ver y accionar en conjunto, el ejercer presión para nivelar nuevamente la balanza. Evitaremos un raíd de destrucción y derramamientos de sangre en nuestra tierra cuanto antes -y a tiempo- lo podamos entender.

Autor: Santiago De Simone

Editora: Cristina Derazenski

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

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