Invertir en los argentinos: un deber con beneficios

Pocas cosas son más fantásticas que buenas conversaciones con amigos que inspiran. Quizá sea solo una coincidencia, pero en esta semana del amigo, tuve la suerte de tener una de esas conversaciones y discutir, con alguien a quien aprecio muchísimo, sobre la importancia del capital humano en Argentina.

Con relación a ello, el Banco Mundial recientemente lanzó uníndice de capital humano, que mide la cantidad de capital humano que un niño nacido hoy puede esperar adquirir para cuando cumpla dieciocho años. Como todo índice, se trata de una simplificación de la realidad que solamente incluye algunas variables, las cuales en este caso reflejan los niveles de mortalidad infantil, el acceso y la calidad a la educación, y otras variables relacionadas con la salud.

El índice, que puede ubicarse entre 0 y 1, toma un valor de 0,61 para Argentina. La interpretación del índice es probablemente lo más interesante: en promedio, un niño nacido hoy en nuestro país será solo 61% de lo productivo que podría ser si tuviera acceso a educación y salud de mejor calidad.

El valor para Argentina indica que el país podría ser 1,63 veces más productivo si la educación y la salud alcanzaran su máximo potencial. Esto es análogo a tener, durante los próximos cincuenta años, un crecimiento extra del 1% cada año.

En otras palabras, el índice muestra que la acumulación de capital humano no es solo importante porque invertir en las personas debe ser una prioridad en sí misma -que, desde mi punto de vista, es la razón más importante-, sino también porque invertir en educación y salud tiene claros y fuertes impactos en el desarrollo económico.

Así, parece difícil esquivar la importancia de realizar inversiones de calidad en los argentinos. Como suele decir Mariano Tommasi, creador del recientemente lanzado Centro para el Desarrollo Humano, Argentina necesita un shock de capital humano, el cual debe focalizarse en los niños y jóvenes de sectores vulnerables. Sin ello, será difícil lograr una sociedad con crecimiento e igualdad.

Pero las razones para invertir en capital humano no se agotan allí. Una reciente publicación de Felipe Valencia Caicedo, muestra como las órdenes jesuitas en Argentina, antes de su expulsión en 1767, fomentaron la educación de las poblaciones locales de algunas regiones de lo que hoy es Argentina, Brasil y Paraguay. Hoy, esas áreas poseen logros educativos 15% más altos que áreas similares sin las mismas inversiones en educación en el siglo XVIII y, quizá aún más sorprendente, ingresos 10% más altos. En otras palabras, ¡los efectos de las inversiones en capital humano siguen estando vigentes, y con alta intensidad, luego de 250 años!

Invertir en desarrollo humano se torna aún más relevante en la actualidad, dado el rápido cambio que la economía global se encuentra experimentando. Los avances tecnológicos y las dinámicas comerciales hacen que el futuro sea cada vez más impredecible pero, en esas circunstancias, invertir en las personas nunca podría ser un error.

De hecho, invertir en conocimiento puede transformarse en una estrategia de desarrollo exitosa para Argentina. Cada vez que Argentina ha intentado industrializarse lo ha hecho hacia adentro, y las estrategias de exportación de bienes industriales que otros países han perseguido, no parecen ser ni posibles ni deseables para nuestro país (como hemos analizado aquí). En ese sentido, una estrategia de desarrollo basada en el conocimiento, podría ser una alternativa más que fructífera.

De hecho, en nuestra región, el conocimiento es una ventaja comparativa de la Argentina, en gran medida gracias a la acumulación de un stock de capital humano proveniente de décadas previas. No existen muchos países en la región con universidades gratuitas de la calidad de las argentinas, y menos aún con nichos de conocimiento con décadas de experiencia tales como el CONICET. Tampoco es común encontrar una gran concentración de profesionales valorados a nivel global, como en Argentina existen en múltiples áreas.

Así, una estrategia de desarrollo basada en la exportación de servicios y conocimientos, tiene al menos tres grandes ventajas: a) puede aprovechar una ventaja comparativa de Argentina en la región; b) puede brindar la versatilidad adecuada para afrontar los vaivenes de la economía global en las próximas décadas; y c) es compatible con la estructura socio-económica argentina, la cual imposibilita otros patrones de desarrollo.

Sin embargo, para alcanzar una economía con desarrollo exitoso por esta vía, es necesario no solo un Estado activo capaz de promover los impulsos iniciales que la economía del conocimiento requiere, tal como lo muestran múltiples casos, tan diversos como China y Estados Unidos. También requiere no perder tiempo: invertir en tecnología por ejemplo, es probablemente una carrera en la que sólo unos pocos países podrán beneficiarse a largo plazo, y serán, con casi total seguridad, los que empiecen más pronto y con mayor eficiencia.

En un contexto en el que parece que nos hemos olvidado de discutir las prioridades de largo plazo para progresar como país, la conversación con mi amigo me dejó con un sabor optimista que -espero-, no sea solo mío y que, ojalá, no quede solamente en el recuerdo de una discusión de una noche de julio.

________________________

Foto: http://www.redeco.com.ar/masvoces/informes/24731-una-mirada-integral-de-la-pobreza-argentina

__________________________________

Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *