Gente en situación de calle: una posible respuesta 

Hace pocos días, una serie de organizaciones sociales dieron a conocer los resultados del denominado “Primer  Censo  Popuar  de Personas en Situación de Calle. Los resultados indican que al menos 4.394 personas duermen hoy en el espacio público en la Ciudad de Buenos Aires. Según datos oficiales del gobierno de la ciudad, el número asciende a 1.066 personas. Más allá de la discusión en cuanto a lacantidad, lo cierto es que hay un colectivo importante de personas que se encuentran en situación de calle, y que los nuevos datos han servido para alentar -al menos en el corto plazo- el ingreso del tema en la agenda pública. 

Sin embargo, el debate en torno a las soluciones a esta problemática es hasta el momento inmaduro. La política principal ha sido la de proveer albergues, pero la realidad muestra que los mismos son ineficientes, en gran medida por las complicaciones logísticas que acarrean para las personas que viven en la calle, quienes usualmente cargan sus pocas pertenencias consigo. En ese marco, el objetivo de este breve artículo es exponer los resultados de un tipo de política que, si nos basamos en la evidencia rigurosa, ha generado resultados muy positivos en el mundo. La finalidad no es proponer a esta alternativa como la solución indiscutible, pero al menos incorporar al debate del problema de la ciudad una potencial solución que hasta el momento no ha ganado relevancia. 

Se trata de las políticas de “Vivienda Primero”, que son relativamente recientes y tuvieron sus orígenes en Estados Unidos y Europa, usualmente bajo el nombre de “Housing First”. Este tipo de programas ofrece de manera inmediata y gratuita viviendas a personas y familias en situación de calle. Es posible resaltar tres diferencias que distinguen a estos programas de otras medidas más tradicionales para afrontar la situación de los “sin techo”. En primer lugar, la vivienda que se otorga es de manera permanente o al menos por un largo plazo, en contraposición con los típicos “albergues”. En general la vivienda es gratuita pero en algunos casos existen planes de pago que comienzan en el mediano término. De cualquier forma, estas políticas ofrecen la posibilidad de tener un lugar seguro y estable donde radicar la vida. 

En segundo lugar, las viviendas son otorgadas de manera inmediata, lo que se diferencia de las típicas políticas “escalonadas” que implican atravesar diferentes estadios (tales como un albergue o una vivienda temporal) antes de llegar a una casa definitiva. 

En tercera instancia, y quizá más relevante, las políticas de vivienda primero no imponen condicionalidades a la hora de acceder y retener una vivienda. Por ejemplo, estos programas no requieren pruebas de abstinencia para aquellos consumidores de sustancias psicoactivas como requisito para el acceso a una casa. En otras palabras, los programas de vivienda primero parten de la premisa de que el principal problema es la falta de una casa y la marginalidad socio-económica más que otras circunstancias. Cuestiones como el consumo de droga o la delincuencia pueden o no estar presentes de manera previa, pero sin duda se incrementan ante la ausencia de un hogar. De hecho, muchos de los programas de vivienda primero ofrecen servicios para paliar otras circunstancias problemáticas una vez que la vivienda está garantizada. 

Hasta aquí, este tipo de políticas pueden parecer polémicas, dado que implican una transferencia directa de recursos -en este caso de gran valor como una vivienda- sin requerir nada a cambio. Pero desde la Dínamo nos interesamos en las políticas basadas en evidencia, por lo cual es de interés analizar el efecto de “Vivienda Primero” en aquellos lugares en donde ya ha sido implementada. 

Lo cierto es que en general, las evaluaciones disponibles muestran efectos positivos en una multiplicidad de indicadores. Entre otras variables, estos programas han probado reducir el consumo de drogas, incrementar la salud, aumentar la posibilidad de acceder a un empleo y disminuir la delincuencia. Además, sus efectos en cuanto a la reducción de la población en situación de calle de manera permanente sobrepasan en gran medida a otros programas más tradicionales. 

Por ejemplo, un estudio en Denver encontró importantes mejoras en la salud de los participantes, así como una reducción de los días de encarcelamiento del 76%, mientras que el 77% de los participantes seguían sin estar en condición de calle después de dos años de iniciado el programa1. Otros resultados positivos fueron hallados en varias ciudades de Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Francia y varios otros países desarrollados. 

Por lo tanto, una primera conclusión podría ser que este tipo de programas funcionan en países desarrollados. Sin embargo, también contamos con cierta evidencia de países en desarrollo. En particular, es posible mencionar el caso de Braços Abertos en San Pablo, Brasil. El programa fue creado a fines de 2013 para proveer vivienda a usuarios problemáticos de crack que viven en las calles del área usualmente conocida como “Cracolandia”.  

Estudios preliminares muestran que el programa produjo una reducción del 80% en los robos de vehículos  y 33% en robos comunes. Asimismo, el consumo de crack entre los participantes se redujo entre un 65 y un 85%. Otra investigación mostró que el 95% de los participantes entrevistados sostuvo que el impacto del programa en sus vidas fue positivo o muy positivo y el 76% aceptó un trabajo como parte del programa. 

En suma, la evidencia en favor de los programas de vivienda primero parece ser abundante y creciente. Sin embargo, no puede negarse que esta política pública es al menos polémica. En términos políticos, es difícil fundamentar el otorgamiento de vivienda sin ningún tipo de condicionalidad. Sin embargo, hay un factor clave: hay un gran cuerpo de evidencia que muestra que los programas de vivienda primero sirven para ahorrar dinero. Una multiplicidad de estudios muestra que el costo de estos programas suele ser compensado por los ahorros en el sistema de salud, así como en otros costos relacionados a la justicia criminal.  

Incluso aquellos estudios que encuentran que algunos de estos programas no se “pagan a sí mismos”, muestran que la combinación de los efectos positivos más la certeza de que una gran parte de los costos son absorbidos, hacen de vivienda primero una alternativa mucho más eficiente que los programas tradicionales. Quizás esta sea la clave para entender por qué los programas de vivienda primero han sido impulsados tanto por gobiernos de izquierda como de derecha alrededor del mundo. 

¿Quiere esto decir que un programa de vivienda primero es la solución para los problemas de la gente en situación de calle en Buenos Aires? Por supuesto que estos programas no son perfectos y presentan múltiples desafíos, por ejemplo, algunas evaluaciones han mostrado que estas medidas no producen un aumento en los ingresos en la población objetivo.  

Una lección preliminar es que, para no generar incentivos erróneos, es necesario focalizar las políticas de vivienda primero en aquellas poblaciones con mayor vulnerabilidad. En particular, es menester comprobar que la situación de calle es crónica y no coyuntural. En segunda instancia, conviene centrar los esfuerzos en aquellas personas con problemas serios de salud física y/o mental, una condición muy extendida en aquellos que viven en la calle. 

Para esto, es fundamental contar con datos e información sobre esta población. Desde la Dínamo estamos convencidos de que políticas públicas eficaces y eficientes surgen de la evidencia y del análisis de datos. En este sentido, el censo realizado por las organizaciones sociales constituye un buen punto de partida para recabar información sobre una población típicamente relegada, pero es necesario emprender un esfuerzo estatal serio y sostenido en el tiempo. 

En síntesis, el éxito de una potencial política de vivienda primero dependerá en gran parte de su implementación. Como toda política pública, estará llena de desafíos de índole técnica y política, pero la evidencia en otras partes del mundo parece incentivarnos a al menos incluir a los programas de vivienda primero como una alternativa a considerar seriamente en el debate público en torno a las potenciales soluciones para la gente en situación de calle.  

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

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