G20 en Argentina: logros y deudas de una cumbre que refleja el orden mundial

¿Cuál es la relevancia del G20 en un momento de marcado declive del multilateralismo global, en el que los modelos de integración regional son altamente contestados?; ¿Qué rol puede jugar el G20 en un contexto internacional en el que emergen detractores de la globalización, a izquierda y derecha del espectro político, reflotando viejos discursos nacionalistas?; ¿Cuál es la efectividad y la representatividad de un foro compuesto por veinte miembros?

Para esbozar respuestas a estas preguntas, es preciso señalar que el G20 es un organismo de características peculiares. No es una organización formal como las Naciones Unidas o la Organización Mundial de Comercio, ni un proyecto de integración económica como el MERCOSUR. Mucho menos se parece a una entidad supranacional, con delegación de autoridad por parte de los estados, como la Unión Europea. En cambio, el G20 es una instancia multilateral no institucionalizada – en cuanto no posee sede física ni burocracia permanente- que oficia como foro de diálogo entre los principales líderes del mundo.

Entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre pasados, tuvo lugar la Cumbre de Líderes del G20 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Esta Cumbre es el punto neurálgico de cada presidencia del bloque, puesto que reúne a los Jefes de Estado y Gobierno, y es allí cuando se siente la presión de redactar un comunicado final con consensos sustantivos sobre las principales problemáticas de la agenda global. La adopción de este documento final implica un arduo trabajo preparativo con decenas de reuniones entre las burocracias de los países miembros, para debatir y buscar acuerdos en materia de finanzas, comercio, educación, salud, empleo, medio ambiente, desarrollo sustentable, género, entre otras temáticas; en una gimnasia de trabajo que se reitera año a año y que va generando mecanismos de cooperación inter-burocráticos para el abordaje conjunto de problemáticas compartidas. A todo ello se le añaden las cumbres de los representantes de la sociedad civil, a través de los denominados grupos de afinidad.

Con respecto al comunicado final del G20 en el 2018, lo primero que hay que destacar es la existencia misma de este documento. En efecto, la elaboración de un comunicado final representa un logro de la Argentina en su rol como mediadora entre los veinte miembros del grupo para la confección de una declaración final que agrupe un conjunto de consensos sustantivos sobre distintas problemáticas de la agenda global.

La Declaración de Líderes de Buenos Aires 2018 contiene pequeñas victorias del orden liberal internacional. La primera de ellas es la inclusión de la agenda de género, instando a una mayor participación de las mujeres en los ámbitos económico, político, tecnológico, científico y social. Sobre este punto, no debe olvidarse que la Argentina ha mantenido a la agenda de género como una temática transversal en su presidencia del G20. En segundo lugar, vale remarcar el apoyo otorgado al Acuerdo de París sobre el cambio climático; pese a una explícita resistencia estadounidense. Luego, se incluye también el tema de los migrantes y refugiados, llamando a los países miembro a dar respuesta a las condiciones de base que generan grandes desplazamientos poblacionales. Por último, también figuran la lucha contra el terrorismo, la prevención de financiación de actividades ilícitas y el lavado de dinero, y el combate a la corrupción en el sector público.

Por otro lado, las tres prioridades establecidas por la presidencia argentina del G20 -el futuro del trabajo, infraestructura para el desarrollo, y un futuro alimentario sostenible- se han visto plasmadas en el comunicado final. En este contexto, el documento menciona la formación continua en habilidades como herramienta para enfrentar los cambios tecnológicos y el mercado de trabajo del siglo XXI; la brecha de desarrollo en el mundo, la necesidad de propiciar el financiamiento de infraestructura en los países emergentes; y la seguridad alimentaria, el desarrollo agrícola sostenible, y la erradicación de la hambruna mundial como elementos prioritarios. Con esta agenda, Argentina consigue plasmar intereses y demandas propias del mundo en desarrollo en la mesa de negociaciones global.

No obstante, el documento final también deja algunas deudas pendientes y un” sabor a poco” en ciertas temáticas. En particular, resalta la falta total de mención a la palabra “proteccionismo”, así como tampoco se referencian críticas al unilateralismo, máxime en un contexto internacional de auge de movimientos proteccionistas. Del mismo modo, las referencias a una reforma del régimen multilateral de comercio (encarnado en la OMC) y el llamado a una mayor sustentabilidad de las finanzas globales, aunque esperanzadoras, son vagas y no abrevan en propuestas concretas.

En paralelo, la cumbre del G20 ha sido lugar de numerosas reuniones. Entre ellas, pueden mencionarse la trilateral entre Estados Unidos, Canadá y México, en la que se firmó un nuevo acuerdo de libre comercio (“USMCA”), que reemplaza al NAFTA. Por su parte, el presidente argentino se reunió con casi la totalidad de los primeros mandatarios presentes y consiguió una serie de acuerdos de cooperación e inversiones, que necesitaba para legitimar la realización de la cumbre ante buena parte de su público interno. Un punto de tensión fue la cancelación de la bilateral entre Donald Trump y Vladimir Putin, luego de la reciente escalada de tensiones en entre Rusia y Ucrania. Por último, los ojos del mundo estuvieron expectantes de la bilateral entre China y Estados Unidos, en la que Donald Trump y Xi Jinping pusieron paños fríos a su “guerra comercial” y pospusieron la suba de aranceles por 90 días.

Con los logros y deudas de su comunicado final, con las bilaterales exitosas y los momentos de tensión, el G20 es un reflejo de lo que sucede en el mundo. Esto es, un contexto global cruzado por un marcado clivaje entre fuerzas políticas nacionalistas – con fuerte impronta soberanista, nativista, y hasta xenófoba– y fuerzas internacionalistas – que leen a la prosperidad de su país como función del grado y la calidad de interacción que se tenga con el resto del mundo.

Con todo ello, el G20 expresa fielmente el momento pluralista que atraviesa el orden internacional contemporáneo; orden que se caracteriza por la coexistencia y la cooperación, más que por la convergencia en torno a una narrativa internacional dominante. Para poder responder a las preguntas que abren este artículo, la clave interpretativa más adecuada es contraponer los (limitados) resultados que ofrece el G20 año a año, contra lo que sería un “mundo G0”, esto es, un mundo en el que no haya mecanismo alguno de coordinación entre las principales potencias.

 

_________

Foto: Reuters

__________________________________

Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

Una Respuesta
  1. 15 marzo, 2019

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *