¿Por qué España y Cataluña no pueden llevarse bien?

La semana pasada, la policía española arrestó a catorce cargos políticos catalanes en Barcelona. El conflicto entre el Gobierno español y el Gobierno catalán ha escalado en las últimas semanas, en vísperas al referéndum previsto para el primero de octubre en el cual los catalanes quieren decidir si permanecer en España o convertirse en un estado independiente. Amigos y colegas me han estado preguntando, con igual desconcierto: “por qué España está tan firme en impedirles a ustedes (los catalanes) la posibilidad de votar en un referéndum de autodeterminación? ¿Acaso Escocia no ha votado sobre la posibilidad de independizarse recientemente?” Pero también, “¿por qué Cataluña está tan determinada a celebrar el referéndum? Debe haber una alternativa.”

El deseo de muchos catalanes de separarse de España está lejos de ser excepcional. A lo largo de la historia, diversas poblaciones han estado por momentos unidas bajo un mismo gobierno, y por momentos han pertenecido a distintos países. Por ejemplo, ¿por qué los Estados Unidos son solo un país en lugar de trece o cincuenta? Por un lado, porque ser un país grande tiene sus ventajas. Unidas, las trece colonias derrotaron al imperio británico, y los Estados Unidos se transformaron en la economía más grande del mundo hacia el 1900. Un amplio mercado doméstico es también útil porque permite el desarrollo de economías de escala (i.e. es posible producir más cosas de un modo más barato, porque existen más compradores potenciales). Entonces, ¿no sería una buena idea para Canadá unirse a los Estados Unidos? La mayor parte de los estadounidenses y canadienses difieren en lo que respecta a valores fundamentales y preferencias de políticas públicas, por ejemplo, en los ámbitos de seguridad social, salud y cambio climático. Además, francés es un idioma oficial en Canadá. Ninguna de esas características sería muy popular en los Estados Unidos. Antes que ser malos convivientes, Canadá y los Estados Unidos prefieren seguir siendo buenos vecinos. La disputa entre Canadá y Quebec es sorpresivamente similar en esencia, aunque en ese caso un poco más del 50% de los habitantes de Quebec decidieron seguir siendo parte de Canadá en lugar de independizarse.

Estos son dos ejemplos de la simple pero ponderosa lógica desarrollada por los profesores Alberto Alesina y Enrico Spolaore en “El tamaño de las naciones” [The Size of Nations]. Según ellos, los países enfrentan un trade-off entre los beneficios del tamaño y los costos de la heterogeneidad. Más grande es mejor pero solo hasta cierto punto, porque la gente tiene preferencias diferentes. Esta lógica ayuda a explicar por qué Canadá no es parte de los Estados Unidos, por qué Quebec es todavía parte de Canadá, por qué Escocia votó para permanecer en el Reino Unido en 2014, por qué Noruega votó para separarse de Suecia en 1905 y, sí, por qué Cataluña decidir acerca de su relación de España.

Como en el caso de Quebec, las encuestas sugieren que alrededor de la mitad de los catalanes prefiere independizarse, mientras que la otra mitad prefiere el status quo en el cual Cataluña tiene una autonomía limitada dentro de España. Diferencias en valores y preferencias sobre aspectos culturales, ideológicos y económicos explican por qué algunos prefieren ser independientes. Catalán ha sido la lengua de enseñanza en Cataluña desde poco tiempo después de que la democracia fuera establecida en el 1978, pero esto no fue nunca fue totalmente aceptado por los españoles conservadores (antes del 1978, una dictadura fascista de cuarenta años obstaculizaba cualquier tipo de disidencia). Asimismo, las encuestas muestran que los catalanes son más progresistas que los españoles. Por ejemplo, el Parlamento catalán recientemente aprobó el incremento de impuestos para los más ricos y prohibió las carreras de toros, una práctica que muchos consideran salvaje. Ambas medidas fueron anuladas por el Tribunal Constitucional de España. De un modo similar, cerca de dos tercios de los españoles apoya a la monarquía como forma de gobierno, mientras que los catalanes desean una república. Por otra parte, algunos argumentan que la independencia haría a la sociedad catalana más rica e igualitaria, porque Cataluña es un contribuidor neto a las finanzas públicas españolas y es también más progresista.

A la luz de estas diferencias, ¿por qué no modificar el status quo y permitir a Cataluña tener más autonomía, tal vez como un estado en una federación española? Países como los Estados Unidos, Canadá, Alemania e India son muy diversos en sí. Las federaciones tienen los beneficios del tamaño, como un ejército unificado y un mercado amplio, pero al mismo tiempo, reducen los costos de la heterogeneidad:  menos ciudadanos de California, Quebec, Bavaria y Assam quieren separarse porque sus gobiernos subnacionales pueden tomar decisiones independientes en muchas políticas públicas. Algunos catalanes han apoyado fuertemente la opción federal como una alternativa de compromiso sensata.

De hecho, el 88% del Parlamento Catalán aprobó una versión revisada del Estatuto de Autonomía –la principal ley de Cataluña- en el 2005, con la idea de generar un nivel de auto-gobierno mucho más cercano al de un estado federal. El Parlamento español simplemente debía ratificar el Estatuto, algo que el Presidente del Gobierno español ya había prometido. En lugar de ello, el Parlamento español modificó el Estatuto antes de aprobar una versión diluida en el 2006. Ese fue un suceso decepcionante para los catalanes. Muchos catalanes han dudado siempre de la voluntad de España para aceptar una Cataluña más autónoma en virtud de experiencias fallidas, como en el 1914 y 1932. Sin embargo, otros genuinamente veían al Estatuto del 2006 como una solución de largo plazo.

Desde esa desilusión, el apoyo por la independencia ha crecido sostenidamente, desde un 15% en el 2006 hasta más de un 40% hoy en día, más un 20% adicional que respalda la (poco realista) idea de un estado federal. Las últimas elecciones parlamentarias en Cataluña produjeron una mayoría pro-independentista, y alrededor del 80% de los catalanes apoyaba el referéndum de autodeterminación Lo cual nos lleva a la etiqueta de que los catalanes son “tercos”. Por un lado, el Gobierno catalán argumentaba que no podía ignorar la voluntad popular de celebrar el referéndum. Por el otro lado, el Gobierno español señalaba que tal referéndum era ilegal según la Constitución del 1978, esto es, mientras el Gobierno español no lo autorizara. No obstante, el Gobierno catalán ha propuesto esta opción negociada a su contraparte español durante los últimos cinco años, siempre sin éxito.

España no está sola en su posición intransigente. Algunas democracias maduras como Gran Bretaña, Canadá y Suecia permiten que sus minorías voten. Regímenes autoritarios como Serbia, Sudán e Indonesia típicamente reprimen y matan a las minorías secesionistas –los respectivos referéndums en Kosovo, Sudán del Sur y Timor Oriental fueron impuestos por la comunidad internacional. La cultura democrática española y su desarrollo político se encuentran entre los dos extremos: no hay muertes, pero tampoco se permite el voto. Más allá de la detención de oficiales catalanes, la policía española ha confiscado urnas, organizado redadas en residencies privadas, y restringido la libertad de asociación y el derecho a manifestarse en varios intentos de prevenir el realizado referéndum. La represión no es el modo más diplomático y democrático de responder a protestas pacíficas e incluso festivas en Barcelona y Cataluña en general. Una estrategia represiva incrementa aún más las tensiones y le recuerda a todo el mundo el pasado dictatorial español.

Incluso el futuro inmediato permanece incierto. La estrategia represiva de España puede someter a los catalanes a través del miedo, las amenazas y la fuerza, o puede convencerlos aún más que el referéndum debe tener lugar. Después de todo, como Gran Bretaña y Escocia recientemente nos enseñaron, en eso consiste la democracia.

 

 

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Daily Princetonian, el 27 de septiembre de 2017, puede consultarse la versión original en: http://www.dailyprincetonian.com/article/2017/09/why-cant-spain-and-catalonia-just-get-along

 

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

2 Comments
  1. 17 octubre, 2017
    • 18 octubre, 2017

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