Empleo juvenil: una medida para mitigar la crisis en Brasil

Comienza la temporada de elecciones en Brasil. Y en la búsqueda de propuestas un miembro de la camada de jóvenes que se está aventurando para crear la nueva generación de políticos que el país necesita, pregunta: ¿qué política irrefutable de mercados laborales se puede promover para los jóvenes de bajo ingreso?

La inserción al primer empleo es lo primero que se me viene a la cabeza. La evidencia reciente muestra que existen dos momentos en el ciclo de vida de una persona en la que la brecha de habilidades entre pobres y ricos son menores, y por tanto reversibles: en la primera infancia y en la juventud.

Este último momento se da luego de la adolescencia, cuando el joven sale de casa para adentrarse en el mercado de trabajo. Es en esa transición que se abre una ventana de oportunidad para que el joven pueda compensar las habilidades perdidas en la infancia y/o adolescencia.

Si sus padres no invirtieron lo suficiente en su primera infancia, probablemente el joven aprendió menos palabras, lo que limita su campo de análisis, retención de memoria e inteligencia emocional. Si creció en un ambiente con pocos puntos de referencia, no tiene de donde inspirarse para salir adelante. Si la calidad de su escuela fue baja, tal vez nunca observó los retornos de estudiar.

Si finalmente decide dejar la escuela atraído por ganarse el sustento en el mercado informal, probablemente pierda la última chance de ganar habilidades generales (cognitivas, socioemocionales, académicas). Una vez fuera del sistema educativo, difícilmente volverá a estudiar.

La entrada al mercado informal hace que los jóvenes brasileños tengan una de las tasas de rotación – saltar de un trabajo a otro – más alta del mundo. Al no quedarse mucho tiempo en un empleo, los jóvenes no puedan acumular habilidades del sector, ocupación, o empresa donde trabajan. Y la falta de habilidades los hace menos productivos en su local de trabajo, llevándolos a una espiral de la que pocos pueden salir.

Esa espiral está más concentrada en los jóvenes de bajo ingreso, inclusive los que reciben Bolsa Família – el programa baluarte brasileño de transferencia condicionadas. En el boom de las commodities muchos lograron encontrar empleo rápido y salieron de la pobreza. Pero no se quedaron trabajando por mucho tiempo, en parte, por la falta de experiencia en el primer empleo.

Con la crisis muchos brasileiros recayeron en la pobreza nuevamente, lo cual muestra la precariedad del vinculo laboral al cual accedieron. Para mejorar dicho vínculo, se debe invertir en habilidades para el trabajo. Es decir, que los jóvenes no dejen de aprender, inclusive si deciden trabajar.

En Brasil, para poder reconciliar la transición de escuela-trabajo, las mejores intervenciones que existen son las pasantías (escuela regular con trabajo remunerado, pero sin vinculo laboral) y aprendizajes (escuela secundaria/técnica con trabajo remunerado y vinculo laboral). Ambas permiten al estudiante aplicar en su local de trabajo lo aprendido en una sala de clases.

La principal conclusión de la literatura saliente es que este tipo de intervenciones en Brasil y la región generan resultados mixtos. Estos varían por genero en el corto plazo mientras muestran impactos sustentables en el largo plazo. Algunos sugieren que la evidencia heterogénea es el resultado del diseño de programa.

Algunos programas usan vouchers de formación que dificulta al estudiante encontrar centros de formación que los acepte. Otros combinan formación técnica intensa con trabajo, lo que hace difícil encontrar una firma que ofrezca un contrato a medio tiempo o balancear la carga de escuela-trabajo. En el caso de Brasil, hay una ley que obliga a las empresas a llenar una cuota de aprendices con pocos incentivos para su conformidad.

Una versión más light de estos programas podría ser viable. Un voucher de formación técnica corta en centros de formación técnica previamente alineados que se active con la contratación de la empresa por un período medio permitiría crear mecanismos que mejoren el match entre empresa-centros-joven.

Por un lado, las empresas estarían incentivadas a contratar dado que no tendrían que asumir el costo de entrenamiento que muchas veces les toca pagar y podrían elegir el curso que el joven toma. Por otro lado, los centros de formación previamente afiliados al programa tendrían el incentivo de competir entre sí para atraer a jóvenes y empresas a tomar sus cursos. Finalmente, los jóvenes podrían conciliar la carga de curso-trabajo ya que este seria de corta duración mientras que el contrato sería de duración media, de tal forma que los incentive a tener un buen desempeño para ser contratados posteriormente por la empresa o obtener un certificado que señalice su acumulación de habilidades para ser contratado por otra.

Este tipo de programas seria políticamente irrefutable. No solo beneficia a tres diferentes grupos con influencia política como son los jóvenes, empresas y centros de formación en el caso brasileño, sino también representa una transferencia palpable à la Bolsa Família. Un voucher y un certificado de formación para algunos no puede sonar a mucho, pero para otros son instrumentos que empoderan, dignifican y legitiman, algo muy escaso en la crisis política actual.

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

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