Elecciones y el futuro de las reformas en México

Este próximo primero de julio los mexicanos votarán por su próximo presidente, diputados y senadores. Con el candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador a la cabeza de las encuestas, se ha comenzado a especular sobre el futuro de las reformas estructurales aprobadas durante la primera mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto, actual presidente. López Obrador ha criticado incesantemente muchas de las reformas, especialmente la energética, que abrió algunos segmentos del proceso de producción y exploración de crudo a la inversión privada.

Quizá valga la pena recordar la motivación inicial detrás de las reformas estructurales. Durante las últimas dos décadas, México ha logrado mantener una estabilidad macroeconómica envidiable, pero esto no ha logrado traducirse en crecimiento económico, que ha rondado la mediocre cifra de 2.4% anual durante el mismo periodo. Los economistas llaman reformas estructurales a aquellos cambios, generalmente en el sistema regulatorio de una economía, cuyo propósito es eliminar los cuellos de botella que frenan el despunte de la productividad y el crecimiento. Esto es precisamente lo que se buscaba con estas reformas.

Dentro del marco de una alianza política en la que participaron los tres principales partidos (PRI, PAN y PRD), llamada “Pacto por México”, el gobierno de Peña Nieto logró la aprobación de once reformas en las siguientes áreas: energía, competencia económica, telecomunicaciones y radiodifusión, fiscal, financiera, laboral, y educativa, además de una nueva Ley de Amparo, un Código Nacional de Procedimientos Penales, una reforma político-electoral y otra más en el área de transparencia. Los resultados en términos de crecimiento económico en el corto plazo no han sido los esperados, en parte debido al entorno económico mundial: la aprobación de la reforma energética coincidió con una caída en el precio del crudo, y más recientemente, el clima de incertidumbre ante la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Si bien el crecimiento económico ha tardado en materializarse, hay avances positivos en otros frentes: el índice de precios de comunicaciones disminuyó casi un 30%, a pesar del despunte inflacionario y se crearon más de tres millones de empleos formales.

Más allá de las ganancias inmediatas que pudieran esperarse, la realidad es que es necesario un lapso mayor de tiempo para que los actores económicos se adapten al nuevo sistema regulatorio y los incentivos que presenta.  Aun así, existe la posibilidad de que no lleguemos a ver mayores resultados sin avances en el respeto al estado de derecho y el combate a la corrupción, como apunta un nuevo reporte del Wilson Center.

En cuanto al futuro de las reformas, es improbable que, de llegar a la Presidencia, López Obrador desmantele la legislación sin una mayoría en el Congreso. Lo que si puede hacer es generar obstáculos significativos a su implementación. Por ahora, parece haber discrepancias entre las posiciones de su equipo económico y sus propias declaraciones. En lo que se refiere al estado de derecho, no parece haber propuestas concretas más allá de la controversial amnistía a los líderes del crimen organizado. Habrá que esperar al dos de julio para conocer el final (¿inicio?) de esta historia.

__________________________________

Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

Una Respuesta
  1. 5 abril, 2018

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *