Cruz Diez y la crisis venezolana

Cruz Diez es más que un artista plástico famoso. Es un símbolo para Venezuela. Es un símbolo de colores, luz, viajes en el tiempo.  Toda persona que ha pasado por el aeropuerto de Maiquetía se ha enamorado de su célebre obra llamada Cromointerferencia de color aditivo, la cual es un espléndido mosaico que se extiende a lo largo de más de 2600 metros. Su magia por muchos años dio la sensación a los venezolanos de haber llegado a casa. No obstante, en la última década —pero sobre todo en los últimos meses— la obra de Cruz Diez se convirtió en un silencioso testigo del éxodo venezolano. Cromointerferencia de color aditivo ya no representa una fiesta de colores, sino más bien nostalgia, tristeza y dolor. Trágicamente, esta obra se ha convertido en un retrato del país: un espacio en decadencia, que está siendo descompuesto, pieza a pieza, por su propia gente, que, al migrar, pretenden conservar un pedacito de su país.

En la actualidad, las preguntas más comunes respecto a la situación en Venezuela son de sencilla formulación: ¿Qué sucederá en las próximas elecciones? ¿Habrá una salida a la crisis que afronta el país, y cuál será? Las respuestas, sin embargo, son mucho más complejas. Paradójicamente, lo único que puede afirmarse con certeza, es que hay altos niveles de incertidumbre.

La aguda crisis que padece Venezuela hoy en día es de naturaleza política. El régimen autoritario que estableció el expresidente Chávez, así como su consolidación y radicalización por parte del Presidente Maduro hacen que una transición sea improbable. Los costos de salir del poder son muy altos para el PSUV y, sobre todo, para la cúpula militar pues son conscientes que una eventual transición implicará que rindan cuentas por una serie de violaciones sistemáticas y generalizadas a los derechos humanos. No debe olvidarse que, recientemente, la fiscalía de la Corte Penal Internacional ha decido iniciar una investigación preliminar. Además, altas autoridades del régimen estarían envueltas en corrupción y narcotráfico, y ahora es indiscutible que el gobierno es el responsable de condenar a su propia población al hambre y la miseria.

Lo que queda claro es que un cambio político no llegará por las vías que ya conocemos en la región. Usualmente, las transiciones a la democracia en Latinoamérica se han alcanzado a través de negociaciones o pactos entre élites políticas, el retiro de los militares del poder, presión interna por sectores políticos o sociales o el ejercicio de plebiscitos. En Venezuela algunos de estos mecanismos se han intentado y no han generado un cambio político. Revisemos.

Los procesos de transición democrática y de democratización son un juego de varios actores. Tanto el gobierno, la oposición y también la ciudadanía tienen un papel importante que jugar. Por un lado, el gobierno tiene que estar dispuesto a salir y entregar el poder. Por el otro, la oposición debe tener la madurez para ofrecer una salida al régimen y garantizar estabilidad política una vez que se produzca el cambio. Los ciudadanos, a su vez, tienen que estar acompañados por el nuevo gobierno en un proceso de reconciliación y re-constitución del Estado. En otros casos de Latinoamérica hemos observado como sectores del antiguo régimen autoritario han tenido que convivir con un nuevo gobierno de oposición, por ejemplo, Chile, México o Argentina. También hemos constatado como lentamente, posterior a la transición, los nuevos gobiernos han instalado comisiones de la verdad para iniciar procesos de reconfiguración.

Este proceso en Venezuela no es factible.

A lo largo de los últimos 19 años, el chavismo ha reprimido a la oposición utilizando las instituciones democráticas, abusando del poder, usando las fuerzas del Estado para asegurarse el control ad infinitum.

Asimismo, la oposición venezolana ha intentado de varias formas iniciar un proceso de cambio político. Sin duda, las estrategias empleadas por algunos opositores en los primeros cuatro años del mandato de Chávez legitimaron la erosión democrática, como por ejemplo con el fallido golpe de Estado, las huelgas y el paro de la industria petrolera. Al igual que se cometieron muchos errores, también se iniciaron procesos de protesta y lucha política democráticos, incluyentes y novedosos. Desde la creación de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en 2009, la oposición venezolana impulsó una lucha pacífica y electoral sin precedente alguno en toda América Latina. Más de 30 partidos políticos, de diferentes ideologías, demostraron la madurez de poner a un lado el ego y la contienda individual a fin de construir un camino conjunto, ofreciéndole al electorado una ruta clara para cambiar de modelo político.

Sin embargo, los obstáculos encontrados por la MUD no han sido pocos. El régimen ha sido consistente en perseguir a todo aquel liderazgo de oposición que pudiese motivar al electorado. Además, la oposición se ha visto en la obligación de enfrentar electoralmente a un régimen que instrumentalizó la cuantiosa renta petrolera para favorecer programas clientelares que han sido parte de la estrategia electoral del PSUV. En contraste, la MUD no recibe financiamiento electoral del Estado, por lo que compite en una clara desventaja de recursos materiales. Todo ello sumado a la falta de independencia del poder electoral y judicial. A pesar de todo ello, la oposición venezolana ha dado un ejemplo de resistencia que ha sido valorado por los votantes. Como ejemplo, la MUD ganó la mayoría del voto popular en las elecciones parlamentarias de 2010, cerró la brecha con el Chavismo tanto en 2012 como en 2013 y ganó la mayoría calificada de la Asamblea Nacional en 2015. Sin embargo, una vez que la oposición avanza, el gobierno la desmantela. Ante esa tesitura, liderazgos de oposición han considerado que la lucha electoral ya no representa un mecanismo de transición democrática en Venezuela.

Si la vía electoral está cerrada ¿existen otros mecanismos para lograr una transición? Sí, y también se han intentado. La vía de la negociación con el régimen no representó una opción para el gobierno, a pesar de que se le ofrecieron garantías de que no habría persecución inversa, a cambio de la liberación de todos los presos políticos, garantías electorales y la apertura de un canal humanitario para aliviar la grave crisis en el sector salud y de abastecimiento. La administración de Maduro rechazó tal propuesta.

De la misma manera, las históricas marchas de millones de venezolanos y venezolanas tampoco trajeron como consecuencia un cambio en la postura del régimen. Por el contrario, las protestas significaron un aumento en el uso de la violencia por parte de las fuerzas del Estado dejando más de 130 muertos en 2017, más de 5700 personas detenidas, de las cuales más de 760 están siendo juzgadas por la justicia militar. Por su parte, la presión internacional ha sido insuficiente para forzar al régimen a negociar una solución. En ese contexto, ¿cuál es la ruta para Venezuela?

Una respuesta clara aún no existe. Sin embargo, la decisión de la oposición de no participar en procesos electorales parece —por primera vez— una elección correcta. Dado el comportamiento del gobierno, todo apunta a que la situación política, económica y social no cambiará por ahora. Es decir, el cambio de sistema no está en las manos de la oposición venezolana.

Más allá de lo anterior, lo cierto es que Venezuela vive días aciagos. La pobreza ha llegado al 87%, y 61,2% es pobreza extrema, la población requiere 141,5 salarios mínimos para costear la canasta básica, se estima que la hiperinflación alcanzará 13000% a finales de este año, la población vive una de las tasas de inseguridad más altas del mundo. Sin embargo, esta penumbra no será eterna, y cuando acabe, los líderes y partidos de oposición deberán presentar una visión de país que abarque temas más profundos que llenar los almacenes con comida y devolverle los insumos al sector salud. Es preciso conocer qué ofrecerá un gobierno de transición en temas como educación, seguridad, crecimiento económico, o desarrollo petrolero. Estas propuestas no dependen del gobierno.

El 20 de mayo será una fecha emblemática para Venezuela. Será el día del afianzamiento del poder de la dictadura y será el día en el que algunos ‘opositores’ pasarán a la historia como cómplices del régimen. También será el día en el que miles más se sumen a los 4,5 millones de personas venezolanas que ya huyeron de su país en búsqueda de un futuro mejor. Quizás el deterioro de Cromointerferencia de color aditivo, por ahora, seguirá reflejando este capítulo oscuro de la historia contemporánea de Venezuela. Pero quizás, el esfuerzo conjunto de la oposición y la región pueda llevar a la reconstrucción del país, y con ella también del mosaico de Cruz Diez.

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

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  1. 9 marzo, 2018

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