Cambio de mando en Chile: las segundas oportunidades

Si Chile fuera un adolescente que le cuenta a su psicólogo que luego de ser gobernado por una médico pediatra socialista decidió cambiar de estilo por un inversionista multimillonario de derecha, probablemente el especialista le diría que es parte del crecimiento probar distintas experiencias para definirse.

Pero ¿es necesario intentar dos veces? Aparentemente para los chilenos sí, ya que el domingo pasado, al igual que en el 2010, el gobierno pasó de las manos de Michelle Bachelet a las de Sebastián Piñera.

Esta vez, el cambio de mando alinea a Chile con el panorama político de la región. Por un lado, el término del segundo gobierno de Bachelet marca el fin del periodo de mujeres gobernantes en América Latina, que durante el inicio de esta década tuvo a Dilma Rousseff, Cristina Fernández y Laura Chinchilla al mando de sus países. Para Chile, Brasil y Costa Rica, ellas fueron las primeras mujeres en llegar al cargo de presidente.

También refuerza el giro ideológico de Sudamérica desde los distintos tonos de la izquierda hacia el liberalismo económico. La buena relación de Piñera con Macri y PPK, sumada a la afinidad política con Temer y Santos hacen pensar en una reestructuración del Mercosur, dejando de lado la economía proteccionista y aislando a la Venezuela de Maduro.

Pasando a la política interna, los desafíos para Piñera no son menores ya que el segundo gobierno de Bachelet tuvo un fuerte énfasis transformador. Al impulsar las reformas laboral, tributaria, educacional y – la más exitosa pero menos mediática – energética, dejó parte de la agenda planteada para el gobierno que empieza.

El triunfo electoral de Piñera no implica necesariamente haber ganado la “batalla ideológica”. De hecho, en la parte final de su campaña tuvo que apoyar la gratuidad en la educación superior – a la que se había opuesto anteriormente – y solo cuestionó la implementación de la  reforma tributaria, pero no la necesidad de realizarla, tema incómodo para su sector.

También tendrá que hacer frente a los temas valóricos, a los que la sociedad chilena se ha abierto rapidamente en los ultimos años. Entre ellos, deberá implementar la ley de aborto en 3 causales y liderar la discusión de la ley de identidad de género, que ha tenido una inesperada cobertura mediática gracias al Oscar recibido por la película Una Mujer Fantástica.

Como si fuera otro capítulo de la histórica rivalidad entre el Presidente y su hermano mayor, en este gobierno Sebastián tendrá que reformar el sistema de pensiones diseñado por José Piñera durante la dictadura de Pinochet. El actual mecanismo centrado en el ahorro individual ha sido criticado por la mayoría de los sectores políticos al no cumplir las expectativas iniciales y se ha tomado la discusión pública en los últimos dos años.

Piñera es el primer presidente de derecha electo democráticamente desde 1958 y su llegada por segunda vez al gobierno lo transforma en el político más talentoso de su sector en décadas. Sin embargo, independientemente de la destreza que muestre en los próximos 4 años, su gran desafío es la continuidad. Su éxito se medirá en la siguiente elección, cuando sepamos si logró entregar el gobierno a alguien de su mismo color político (ya que en Chile no está permitida la reelección inmediata).

Para esto, las fichas de Piñera están puestas en Alfredo Moreno, Ministro de Desarrollo Social y ex líder de los empresarios. Moreno tiene la misión de solucionar el conflicto indígena en el sur de Chile y gestionar los programas sociales del Estado.

A fines del 2021 sabremos si Piñera logró proyectar a la derecha chilena después de su segundo gobierno o si solo fue otro paréntesis de 4 años.

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

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