Balas contra el Desarrollo

“Hoy la escuela permanecerá cerrada debido a los recientes tiroteos”, podía leerse en portugués hace unos pocos días atrás en la desvencijada puerta de una escuela en Vila Cruzeiro, una de las favelas de Río de Janeiro. Esto no es solo representativo de la situación imperante en muchas de las ciudades alrededor del globo, sino también del hecho de que la violencia no es solo un fenómeno que afecta a sus víctimas directas, sino uno que impacta fuertemente en las complejas redes de interacciones sociales que son necesarias para lograr desarrollo económico y progreso social. 

Sin embargo, la violencia y el crimen han sido durante mucho tiempo excluidos de las cuestiones vinculadas al desarrollo de las sociedades, o a su impedimento. Los organismos internacionales y multilaterales, las agencias de desarrollo e incluso los gobiernos tienden a tratar a la violencia y al desarrollo como tópicos completamente separados. Existen al menos cuatro razones para cambiar este enfoque de manera inmediata.  

En primer lugar, la violencia y el crimen afectan primordialmente a gente de escasos recursos, a pesar de que la visión común suele ser la opuesta. Este problema es de particular relevancia en América Latina, que alberga al 8% de las población mundial pero sufre el 33% de los homicidios. De hecho, los asesinatos están sumamente concentrados en áreas muy específicas. Si consideramos únicamente a las ciudades de tamaño medio y grande, es posible afirmar que el 80% de los homicidios ocurren en el 2% de las calles de la región. En general, esta hiper concentración del crimen afecta de manera desproporcionada a los asentamientos precarios que reciben diferentes nombres en la región. La ciudad de Buenos Aires no es la excepción: seis de los barrios de emergencia, que constituyen solamente el 1% del territorio de la ciudad, dan cuenta del 36% de los homicidios, según datos del 2010. Similarmente, mientras que la tasa de homicidios en la ciudad es de alrededor del 6,6 cada 100.000 habitantes, el guarismo asciende a 76 para la Villa 31. De hecho, en 2015 el 47% de todos los homicidios fueron cometidos en barrios de emergencia (Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema de Justicia, 2016). 

En segunda instancia, el crimen y la violencia afectan al desarrollo de un modo muy directo. Un reciente estudio muestra que el costo del delito en América Latina y el Caribe es del 3.5% del PBI,  doblando el valor de los países desarrollados. En el caso argentino, la estimación es del 2,97%. Estos son recursos que no pueden ser invertidos en educación, salud, políticas contra la pobreza, desarrollo social y otras típicas políticas públicas que son prioridad para las agencias de desarrollo. Al mismo tiempo, la presencia de altos niveles de violencia afecta al desarrollo porque obstaculiza la inversión productiva a través del incremento del riesgo y los costos de protección de cualquier emprendimiento. 

En tercer lugar, el delito y la violencia reducen de manera significativa la confianza interpersonal, lo que disminuye el capital social y, por ende, constituye un obstáculo para el desarrollo. Además, en la esfera personal, altos niveles de violencia producen serios problemas de salud mental que afectan el bienestar y las interacciones sociales. 

Cuarto, y probablemente más importante, el delito y la violencia afectan cualquier otro proyecto de desarrollo. Pueden construirse nuevas escuelas, pero si las clases son suspendidas como producto de los tiroteos, el efecto será nulo. Los organismos multilaterales pueden invertir en el desarrollo de centros de atención primaria de salud, pero si las personas temen realizar el trayecto desde sus hogares hasta los centros, estos no serán usados. Los gobiernos pueden diseñar programas de transferencias de ingresos para reducir la pobreza, pero si esos recursos son empleados para comprar cierto nivel de seguridad -de manera voluntaria o forzada-, el efecto en otros indicadores sociales será invisible. Pueden implementarse atractivos incentivos para promover el desarrollo rural, pero si las rutas que las poblaciones locales emplean para transportar sus productos están capturadas por organizaciones criminales que “cobran pasajes”, los programas estarán condenados al fracaso. 

A pesar de esta típica exclusión de la violencia como tema de desarrollo, hay lugar para la esperanza. La nueva lista de los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluye una más amplia concepción del desarrollo que la típica mirada “angosta” predominante. Esta nueva visión comprende al crimen y la fragilidad de muchos modos, pero en particular, el Objetivo 16 -Promover Sociedades Justas, Pacíficas e Inclusivas- y su meta 16.1 – Reducir significativamente todas las formas de violencia y las correspondientes tasas de mortalidad en todo el mundo-, apuntan a reducir la violencia de un modo muy directo. 

Además, algunas instituciones de desarrollo han comenzado a incluir la violencia, el crimen, la fragilidad o la seguridad ciudadana en sus agendas. La inciativa de Seguridad Ciudadana y Justicia del Banco Inter-Americano de Desarrollo, como el correspondientes sector de la CAF son ejemplos prometedores. De igual manera, algunas organizaciones no gubernamentales dedicadas al desarrollo han empezado a considerar a la violencia como una preocupación fundamental. 

Pero todavía, el crimen y la violencia tienen un lugar relegado en los proyectos de desarrollo. A pesar de que la inseguridad es sistemáticamente la principal preocupación de los latinoamericanos, aún no es considerada como una prioridad para las agencias de desarrollo. Y desde la perspectiva de los gobiernos, la mayor parte de los recursos se dedican a políticas punitivas que se han mostrado ineficientes, mientras las iniciativas de prevención son excepcionales. 

Reconocer el amplio impacto de la violencia y el crimen en el desarrollo es el primer paso para diseñar e implementar políticas con una perspectiva integral. Después de años de fracasos, es tiempo de cambiar el paradigma. 

 

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Las ideas y opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de La Dínamo de Ideas.

2 Comments
  1. 28 septiembre, 2017
    • 28 septiembre, 2017

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